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Tapones: plástico vs. corcho

Los productores de tapones de corcho, de los sintéticos y los “de rosca” libran una particular guerra para posicionarse en el lucrativo negocio del cerramiento para vinos.

Aunque la clave del éxito depende en última instancia de los consumidores, que deciden qué productos eligen para sus mesas.

El corcho sigue siendo el preferido por los españoles -sobre todo cuando adquieren un buen vino-, pero los cerramientos alternativos han ganado adeptos en mercados internacionales, hasta el punto de que el tipo “Pilsen”, o de rosca, ideado por los australianos, se ha expandido con notable éxito por los nuevos países consumidores.

En esta pugna, los defensores del corcho dicen de los tapones de rosca que pueden provocar “olor a huevo podrido”, porque se “asfixia” al vino al privarlo de oxígeno, y que los cierres sintéticos darían problemas de “scalping” (sabor a plástico).

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Por su parte, las empresas que fabrican tapones sintéticos, como Nomacorc, dicen lo contrario y defienden que éstos evitan el “sabor a corcho”; su director científico, Olav Aagard, subraya el éxito de esta firma norteamericana: en 2011 lanzaron los productos “select series” y en dos años lograron vender 100 millones de tapones en todo el mundo.

Con una cuota mundial del 60% en tapones sintéticos, los cerramientos de esta multinacional “tapan” un tercio de los vinos embotellados en ese país y una de cada cinco botellas en Alemania y Francia; en España venden 130 millones de cierres, y en Sudamérica, son proveedores de 200 bodegas, según datos de la firma.

Sin embargo, y según la iniciativa “Cork” -que integra al lobby europeo que defiende el uso del corcho- éste tiene todavía una cuota de mercado mundial del 70% (en España llega al 95-97 %) y sólo el 30 % corresponde al resto: 18 % al de rosca y 10-12 %, al plástico.

España se juega mucho en la batalla, como principal potencia mundial tras Portugal; produce 3.000 millones de tapones de corcho al año.

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España se juega mucho en la batalla, como principal potencia mundial tras Portugal; produce 3.000 millones de tapones de corcho al año y exporta la mitad -1.300 para cerrar espumosos y 1.700 para vinos tranquilos-, a Francia, Portugal, Italia, EEUU, Argentina o Chile, lo que le reporta una facturación superior a los 350 millones de euros.

Para el director del Instituto Catalán del Corcho y portavoz de “Cork”, Manel Pretel, el corcho tiene unas características fisicoquímicas “que no han podido replicar” los sintéticos.

“¿Yo? ¡Tapón de corcho!”

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El director general de Grupo Faustino, José Luis Fernández de Jubera, tiene clara su predilección: “¿Yo? ¡Tapón de corcho!”

“En España, las modas pasajeras nos mueven y nos hacen dar bandazos, y esto no puede ser”, dice Jubera, quien resalta los beneficios ambientales de utilizar un producto sostenible como el corcho: “Los grandes alcornocales son fábricas que se comen el dióxido de carbono de la atmósfera”.

Sin embargo, el “export manager” de la cooperativa Anecoop, José Ramón Pascual, cree que el tapón de rosca es una mejor opción para productos que deben venderse a “precios agresivos” y cuyos costes “van al céntimo”, y recuerda que utilizar un corcho de baja calidad en ellos puede provocar reclamaciones de los clientes.

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“Hay mercados donde el tapón de rosca está muy extendido y otros donde, con ellos, no vas a ningún lado”, reconoce Pascual.

“Cuando alguien quiere posicionar a su vino en un nivel medio-alto siempre va a coger corcho; difícilmente elegirá uno de rosca o sintético”, defiende el presidente del Grupo Baco, Ángel Villafranca, el presidente de Grupo Baco.

“El cierre de corcho es el clásico, el que siempre se ha puesto en valor para el vino y el que impera en la cultura europea y en la viticultura tradicional”, agrega Villafranca, quien aprecia un cierto estancamiento en el uso de sintéticos, tras su boom inicial.

El cierre de rosca triunfa en nuevos mercados, en países innovadores y hostelería, detalla el presidente, quien reconoce que, en todo caso, “mi opinión es que nosotros, como sector, tenemos que adaptarnos a lo que el consumidor nos demande”.

“Nosotros trabajamos todos los tipos de cierres, y cada uno tiene su hueco”, afirma Begoña Royo desde Bodegas Covila (Rioja Alavesa).

Constata un auge de los tapones “de rosca” para vinos jóvenes -dada su mayor comodidad- y no sólo para los “de mesa” o “baratos”, sino también para los de alta calidad y con denominación de origen.

“El vino se mantiene muy bien” con ese cierre, que evita el problema de sabor a corcho en los vinos de consumo estacional, según Royo, quien indica que ya hay países del centro y norte de Europa que sólo demandan esta alternativa para los “de año” o “cosecheros”.

Eso sí, cree imprescindibles el corcho para los crianzas, reservas, grandes reservas y vinos “de autor”, más elaborados, aunque la decisión final dependerá del gusto de cada consumidor.